Un momento de verdad

Publicado en por dacab

«Ahora entiendo por qué las personas se suicidan» pensó.

Sin respirar bebió todo el vodka del recipiente, dejo el vaso sobre la mesa, se levanto del sillón y con mucha serenidad camino hacia la puerta que daba al balcón. Quito el seguro y con mucho cuidado y procurando hacer el menos ruido posible, deslizo la puerta y cruzo hacia el exterior de su apartamento, luego se paro junto a la baranda del balcón, prendió un cigarrillo y se quedo observando la ciudad…

            « ¡Dios es maquiavélico! Nos da sueños, nos motiva a superarnos como profesionales, nos muestra las posibles maneras de alcanzar nuestros sueños, nos brinda el milagro de tener hijos, nos da el regalo de encontrar un verdadero amor; y después, él, en uno de sus arrebatos de divinidad, nos castiga sin razón». Pensó Henry. Su mente estaba consternada por la angustia inmensa que sentía en su alma, su corazón se rompía por el dolor, y cada día que pasaba le era insoportable todo, incluso hasta el simple acto de respirar. No sabía cuánto tiempo llevaba allí parado, a pesar de que sólo habían transcurrido tres minutos. Agarro con firmeza la baranda que lo separada del vacío alentador, inclino la cabeza, observó con detenimiento, desde su séptimo piso, desde su apartamento de la 7ª con 72, y por un instante se cuestiono sobre lo tranquila que puede llegar a ser la ciudad a altas horas de la noche. Subió su mano, y una vez más aspiro con tranquilidad su agradable cigarrillo mentolado, luego dejo escapar lentamente el humo que suavemente era arrastrado por una agradable brisa, helada, pero agradable. Volvió a mirar hacia abajo, y con ironía se pregunto: « Qué otra estupidez irán a decir los vecinos mañana».  Respiro tranquilo, se pego bien a la baranda, subió el primer pie a la primera división de la baranda, luego el segundo; fijo la mirada al frente, y sin ningún afán, levanto lentamente su mano hasta sentir el frio cañón que le aprisiono la sien, cerró los ojos y…

            —No lo hagas, no me dejes sola… por favor— dijo una voz entrecortada—, sé que ha sido difícil, pero tú sabes que te amo y que no hay nada que perdonar…

 

El sudor comenzó a recorrer su frente, mientras sus ojos orbitaban tras el velo de sus parpados, se sentó en el sillón y con furia y desesperación se agarro la cabeza. Se levanto y corrió hacia el bar buscando con ansiedad un trago que le lograra borrar de una vez todas esas pesadillas que lo atormentaban día tras día.

 

            — ¡Ángela!, ¿dónde estás? ¿Dónde está el Vodka? ¡Ángela!!!.

 

Corrió hacia la cocina, hacia el cuarto, hacia el estudio, pero en ningunos de ellos había alguien que pudiera responder sus preguntas.

 

            « ¿Por qué sigo con estas malditas pesadillas? No puedo quedarme dormido un instante porque aparecen de la nada» pensaba, mientras abría uno a uno los cajones del bife. Su ansiedad era tan grande que poco a poco su mal genio fue aumentado. Al ver que no encontraba nada de lo que buscaba, volvió a la sala y se sentó de nuevo en el sillón. Por un momento reflexiono, y al sentirse un poco calmado, busco sus cigarrillos en su camisa, pero tampoco los encontró. — Pero qué diablos está pasando, ¿será que esta mujer me está escondiendo todo? — dijo en voz alta, buscando que alguien lo escuchara en una sala, en un estudio, en un apartamento que permanecía congelado en el tiempo. Un escalofrío recorrió su cuerpo al darse cuenta que posiblemente su mujer lo había abandonado. Sin poder más… rompió en llanto.

Por largos minutos su llanto no dejo de salir, hasta que, tal vez, porque estaba cansado, o porque simplemente se quería evadir de su realidad, se dispuso para dormir, pero no había pasado un par de segundos cuando sus pesadillas volvieron…

 

            — ¿Por qué lo haces? ¡Dímelo!— le profirió Ángela.

            —Ya nada queda para mí, no sé si pueda llegar al ser el mismo. Es muy difícil vivir con lo que siento— respondió.

            —Tú sabes que nunca te he culpado. Esas cosas pasan en la vida, y aunque son muy duras, no nos queda otro camino que seguir adelante. Escúchame, yo te necesito.

            —No. La vida ya no significa nada para mí.

            — ¿Entonces vas a tomar el camino más fácil? ¿Te vas a pegar un tiro? ¿Vas a seguir tomando como un alcohólico? ¿Eso es lo que quieres?, ¡Eres un cobarde! ¿Crees que yo no sufro también?… ¿Crees qué no me han pasado por la mente ideas similares?.., pero no lo hecho, ni lo haré. Ese día de tanto dolor, le jure a mi Dios que jamás haría algo así, y le pedí que me ayudara; pero cada día, cada semana que pasa es un martirio, aún así lo acepto, porque te amo. Recuérdalo siempre. Te amo…

            — ¿Por qué estos recuerdos tan crueles, Dios mío?— se preguntó un rato después de haber vuelto a su realidad— No soporto más—, sin embargo no podía controlar las imágenes que rondaban su cabeza. Algunas lo mortificaban sin cesar, en especial las de esa noche, cuando regresaba feliz, con su esposa e hija, después de ver una película que tanto habían planeado ir a ver; pero el trabajo de esa semana había sido muy pesado, y por un momento, que aún no tiene claro, cerró los ojos, y sin darse cuenta perdió el control de la camioneta. Cuando despertó, estaba tirado en la calle con una careta de oxigeno en su rostro, su esposa estaba a su lado, y su amada hija yacía en el suelo, unos metros más allá, con una chaqueta tapándole el rostro. Esa noche nunca la ha podido sacar de su mente.

            — ¿Qué me pasa? ¿Por qué he llegado tan bajo? —Balbuceaba con dolor—. Sé que últimamente no he sido un buen hombre, pero toda mi vida he sido un hombre ejemplar. Recuerdo bien como ha sido mi vida. No me merezco esto.

Los recuerdos seguían llegando…

            —Por favor, si en verdad me quieres, es mejor que te vayas, vete, vete de una vez por todas y no me atormentes más. Encuentra el camino que te mereces. Yo te amo, y te seguiré amando, pero no es justo para ambos. Ya todo termino.

 

Cada recuerdo lo confundía más. Sin pensarlo grito con soberbia — ¡Ángela! ¿Dónde estás?— Después agarro el teléfono y marco el teléfono de la señora María, su suegra. Al otro lado alguien contesto: —Alo.

            —Señora María, ¿allá esta Ángela?

            — ¡Alo! ¡Alo!— volvió a decir la señora María.

            —No me ignore señora María, por favor. Soy yo, Henry... —Fue lo último que alcanzo a decir.

 

Ya eran demasiados días en tan cruel agonía. Sin poder más, decidió salir del apartamento, con intensiones de ir a buscar a su amada. No podía creer que su mujer, al parecer, lo hubiera abandonado. Cuando salió del edificio le dijo al portero que estuviera pendiente de su esposa, sin embargo él no le respondió nada, lo cual lo irrito aún más, pero no quería quedarse a reprocharle su falta de educación. Además no tenía tiempo para ello, ya era suficiente que tuviera que ir caminando, ya que el carro no le había prendido. Con paso rápido se encamino hacia la antigua casa de su suegra.

Sin tener idea de cuánto tiempo había pasado, volvió al apartamento con la moral por el suelo. Al entrar, camino hacia el comedor y allí, recostada sobre la mesa, yacía dormida su esposa. La alegría que sintió fue indescriptible, porque el miedo que sentía al pensar en una vida de soledad lejos de su amada pareja le parecía intolerable. Por un momento quiso despertarla, para decirle muchas cosas, entre ellas, que lo perdonara por el sufrimiento que le había ocasionado en esos días, pero se abstuvo de hacerlo. Entonces con mucha delicadeza toco su rostro. Quiso sentarse a su lado para deleitarse con la imagen tierna, pero de alguna forma triste, de su más grande amor; pero, cuando quiso hacerlo no pudo evitar ver el periódico que estaba al lado de ella. Fijo su mirada en el titular y leyó: El reconocido arquitecto, Henry Gómez, fallece en accidente de tránsito. Al parecer iba en estado de embriaguez; las autoridades, después de varios días, no han encontrado el cadáver por la profundidad del acantilado y lo turbulento del rio. Su mente se aclaro por ese breve momento de verdad, y una paz indescriptible inundo su ser,  todas sus pesadillas y sueños cobraron sentido. En ese instante escucho, cerca de él, una dulce voz: — ¡Papi!

 

 

Dario Cabrera

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hugo gomez 02/22/2011 03:23



En el proceso de los dieciseis años de conocerte me siento tan orgulloso, que siento como si fueras un hijo que da las mejores pasos triunfantes a su padre .........me
sorprendes....me siento muy orgullosos de ser tu AMIGO....y quisiera algun dia poder escribir como lo haces tu.....sorprendes en los finales....UN ABRAZO DE HERMANO .



Lucía de Gómez 02/22/2011 03:05



¡Sorprendente!  Nos llevas hasta el final pensando mil conclusiones y logras despertar verdaderamente nuestro interés. Deberías presentar este argumento para la T.V.... algo diferente al
menú que nos tienen acostumbrados!


Sigue progresando el éxito va a llegar. No lo dudo!


Abrazos, Lucía de Gómez


 



Dr. James Barrey 08/01/2010 08:14



Hola Dario, la verdad que muy lindo lo que escribiste¡¡¡¡¡ se ve que tenes talento, la parte que Henry descubre que esta muerto se parece , similar a la pelicula sexto sentido, cuando el
psicólogo infantil Malcolm Crowe descubre que el esta muerto cuando le habla a la esposa que se encontraba dormida en un sillon, ve que cuando se va acercando como que se enfria la habitacion y
recuerda cuando un paciente le pegado un tiro.



dacab 08/11/2010 16:51



Gracias James, vi la pelicula y es muy interesante; es un tema que me apasiona. Feliz día.



Sirocos 07/14/2010 22:53



Tremendamente fuerte,
impresionante.



Haneth 07/14/2010 22:22



Una historia chevere. Me perdi varias veces como si cambiara de historia. Porqué se queda tranquilo al saberse muerto, la esposa esta muerta o dormida ?



Patricia Riaño 07/14/2010 22:16



CHEVERE ME ENCANTA COMO ESCRIBES, SI ALGUN DIA TE SIRVE MI HISTORIA Y YO TU MUSA NO LO DUDES.