Juan y su amigo

Publicado en por dacab

En una mañana de esas…, cuando las personas comienzan el día con mucho ánimo porque se acerca  el día de navidad: esa época en la que todos se contagian de alegría y de nuevos propósitos, en la que por pocos días mostramos más hermandad, en la que deseamos y expresamos buenos sentimientos, en la que somos más felices o tal vez más tristes; así como la tristeza que sentía Juan, postrado en una cama, mientras intentaba aferrarse a una vida que poco a poco se le escapaba por el anuncio que le había dado su corazón sobre su inevitable deceso . Esa mañana, a pesar de que no le gustaba, su frustración era mucho mayor que de costumbre; la noche había sido un infierno y el día se mostraba tímido a continuar…

—¿Por qué estas triste? —le dijo una pequeña voz.

Juan volteó a mirar hacia la puerta, en ella, estaba parado un niño que le sonreía con ternura. 

—Es que estoy un poco enfermo —contestó—, y la verdad me gustaría estar con mi familia. ¿Y dónde están tus papitos? ¿Tú… también estás malito?

El niño le volvió a sonreír, luego salió corriendo por el pasillo.

—¡Espera…! —exclamó Juan—, pero el niño no volvió. Por un largo tiempo estuvo pendiente de la puerta, sin embargo nadie volvió a entrar;  y sin darse cuenta fue vencido por el sueño. Nunca supo cuánto tiempo fue el que estuvo ausente de la habitación. 

Al despertar poso su mirada en los ojos de su bella y amada esposa, que al igual que él, permaneció en silencio por un largo rato.

—Todo va a salir bien, mi amor… —le dijo ella con voz entrecortada.

—Tengo miedo…, miedo de partir sin conocer a mi hijo —dijo él, con llanto en los ojos. 

La noche llego junto con la soledad de una habitación en la que se carece de compañía. Después de tanto pensar y pensar, una vez más, fue dominado por el sueño. 

No hacía mucho tiempo que se había despertado cuando entro el niño por la puerta. 

—Pensé que no ibas a volver —dijo Juan.

—Es que estaba con un amigo jugando —dijo el niño.

—¿Cuántos años tienes?

—Siete.

—¿Siete añitos?... Ya eres grande —le dijo Juan, sonriendo.

—Te traje un regalo —dijo el niño, luego extendió su pequeña mano. En ella tenía una pequeña velita. Juan la tomo, y un poco extrañado pregunto:

—¿Es para esta noche?

—Sí

—¿Te gusta la noche de las velitas? —preguntó Juan.

—Mucho

—Así que aquí estás —dijo un hombre, parado en la puerta.

—Buenos días doctor… —dijo Juan.

—Buenos días. Puedes llamarme Gabriel —después de darle la mano a Juan, volteó a mirar al niño— Ya sé dónde es que te escondes.

—Vino a traerme un regalo —dijo Juan.

—Tu amigo te está esperando —le dijo el doctor al niño después de un largo tiempo de charla entre ellos.

—Veo que tienes más amigos en el hospital —dijo Juan.

—Sí, pero mi amigo Enrique de la habitación 1231 ya va a salir del hospital, vamos a pasar la navidad juntos—. Respondió el niño. Luego se acercó a Juan y le balbuceo al oído: —Cuando nos portamos bien el niño Dios nos trae regalos en la noche de navidad—. Luego salió con Gabriel de la habitación.

—¿Doctor, cómo está mi esposo? —preguntó la esposa.

—No se preocupe mi señora, todo va a salir bien. A su esposo ya lo están operando.

Después de hablar con el doctor, ella se sentó en una de las sillas de la sala de espera a orar  por la salud de su esposo.

—Siento no haber hablado con Uds. antes, pero no era oportuno. Pero en vista que la recuperación del Sr Juan ha sido muy satisfactoria, ya puedo darles la información solicitada —dijo el cirujano.

—Pensé que no había corazones disponibles —dijo Juan.

—Debe darle las gracias a los padres de Enrique, el cual dejo instrucciones explícitas, y por escrito, que su corazón era para ti, Sr Juan.

—¿Enrique?

—Si el joven de la habitación 1231, él duro varias semanas hospitalizado, pero desafortunadamente no podíamos salvarle la vida.

—Yo no lo conocía. Sé que era amigo del niño de la habitación 1224.

—En esa habitación no hay ningún niño hospitalizado —comentó el cirujano.

—Pero yo hablé con él y con el doctor Gabriel.

—Debes estar confundido, porque en este hospital no trabaja ningún doctor con ese nombre —le respondió el cirujano, después se dirigió hacia la puerta.

—Gracias doctor —dijo la feliz pareja.

—Ah, los felicito por el bebé que viene en camino. ¿La cesaría está programada para el 23, cierto?

—Si doctor. Dentro de tres días.

—Es el regalo más hermoso que puedes recibir el día de navidad. De nuevo: ¡felicitaciones! Que Dios los bendiga.

 

DARÍO CABRERA ALMARIO

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Gonzalo Garzon 07/14/2010 23:08



que buen cuento
como van las cosas?
un abrazo



Jenny Cabrera Silva 07/14/2010 23:06



Tio que cuento tan bonito...me lleno de nostalgia y alegria!!!!!...me gusto mucho!!!!!.....un abrazo



carolina cabrera 02/05/2010 00:10


Excelente.
Los milagros exiten cuando los deseamos con el alma y el corazon.