El país de la patria boba (Importado de facebook)

Publicado en por Darío Cabrera

La historia definitivamente se vuelve inservible si no se aprende de ella, y lo que es peor aún, se vuelve repetitiva.  Hoy, reflexionando sobre lo que los medios publican de forma mediática, casi sin análisis y sin medir sus alcances, es fácil deducir que se han vuelto participes de la peor demostración del servilismo político. Tanto así que  las redes sociales no se pudieron escapar de tal contagio. Es increíble ver  como muchos derrochan su tiempo reenviando mensajes que ni  siquiera analizan; porque si lo hicieren no estarían reenviando cuanta estupidez les llega: que la carta de Timochenko donde expone un plan para tomarse el poder a penas lleguen a un acuerdo en la Habana; que los extractos bancarios de las Farc; que la fotocopia del convenio que por debajo de la mesa se firmó en la Habana (que ya la tiene Timochenko); que una carta juramentada del candidato uribista donde se compromete a no darle la espalda a su tutor como lo hizo el otro   mal amigo y candidato opositor; que las copias de las pruebas que Uribe tenia, pero que le dio pena mostrar, porque es un demócrata  que no quiere hacerle daño a las instituciones; que una carta del vaticano donde el papa da fe de que el candidato uribista se confesó antes de la campaña; que la prueba de la cuenta bancaria que abrió el candidato presidente para indemnizar a las familias de los falsos positivos (por supuesto con dinero de él). En fin, de todo hay. Lo cómico de todo eso es que hasta el más mediocre profesional, incluso bachiller, podría hacer mejores documentos probatorios que los que navegan por las redes. Hoy somos, una vez más, como lo fuimos hace muchos años: una patria boba, y seguimos actuando como tal. En esa época la polarización política era la que primaba, y la que al parecer nos dejó ese legado que con el tiempo se nos convirtió en violencia, y por ello siempre hemos estado agarrados de las mechas (como dicen por ahí). De igual manera nos heredó  ese placer de siempre estar discutiendo por todo, y si no logramos ponernos de acuerdo, pues lo solucionamos a golpes, con palos o con machete (hoy en día con balas y bombas) ¡Pero eso sí, hijuemadre!, demostrando lo verracos que somos. Y algo también somos: echaos pa’ lante, como dicen los paisas. Echaos pa’ lante como toros en corralejas.

Esa violencia generada sigue perdurando; y lo más molesto de ello, es que los políticos sí que saben sacar provecho de ello. Y el pueblo, por bruto, sí que sabe pagar el precio, sí que sabe poner los muertos. La historia no miente, el problema es que a la gran mayoría de los colombianos les importa un pepino su historia. Muchos viven aquí con actitud de extranjeros. Solo toman lo mejor de cada gobierno y el resto no les interesa. La verdad sea dicha: ¿en qué momento el pueblo colombiano se interesó por el problema que representaba el narcotráfico? ¿Cuándo había dinero en abundancia y todos se hacían los ciegos? ¡No! Se volvió un problema cuando al señor Pablo Escobar se le ocurrió la maléfica idea de levantarnos en la mañana con estallidos de bombas. Ahí sí todos se preocuparon. Antes no. De igual forma ha pasado con la guerrilla, con los paramilitares, las Bacrim de hoy en día, etc. Somos un pueblo mentiroso, indiferente, todo lo maquillamos, lo escondemos, lo negamos. Nadie acepta responsabilidades. La gente de Bogotá y de las grandes ciudades  se preocupó por la guerrilla cuando no pudieron viajar  por los retenes de las pescas milagrosas, ahí se les volvió un problema el tema de la guerrilla; porque todos vieron la negra posibilidad de ser secuestrados o peor aún que los mataran. ¿Pero, y qué pasó con los otros cuarenta años de guerra y de muertos? ¿Por qué no les preocupaban? La respuesta es sencilla: porque los muertos eran otros, el problema era de otros. Pero por supuesto: gracias Señor Uribe, por devolvernos la posibilidad de viajar, y darnos seguridad democrática. Ah, se me olvidaba: gracias por los paramilitares, las Bacrim, etc.  Los que han perdido a alguien por culpa de esta maldita guerra saben de qué hablo. Muchos me dijeron: yo que culpa tengo (la respuesta del millón). Yo les digo: mucha. Todos tenemos culpa por ser permisivos, por ser indiferentes. Todos tenemos de alguna manera culpa por los muertos de todos estos años, por el importaculismo que demostramos, por no conocer nuestra historia,  por elegir mal, o peor aún por no atrevernos a elegir con conciencia. Es evidente que las generaciones pasadas no supieron elegir a nuestros gobernantes, ellos nos dieron la guerrilla, el narcotráfico, los paramilitares, la corrupción, etc. Fueron permisivos con cuanta cosa corrupta se les ocurrió. Por ello es nuestro deber elegir bien por la futuras generaciones (sí ya lo sé, suena a cliché. Usted sabrá).

Uno de los problemas más graves que vivimos es la indiferencia, a eso agréguele el no quererse comprometer. Ese es el alimento de toda esta violencia. La verdad es que las generaciones pasadas nos dejaron algo que es igual de malo que lo anterior: nos dejaron la maña de elegir a nuestros gobernantes por conveniencia. La gran mayoría vota por cada candidato o gobierno dependiendo de qué tan amarrado este su futuro a ese candidato (llámele conveniencia, clientelismo, favores, etc.). Las personas no votan por un bien común y a largo plazo; eso no les importa, desde que sus familias tengan garantizado el futuro, los demás, que coman mierda, por brutos (eso se lo he escuchado decir a muchos, a aquellos que son astutos y no son pendejos. Hágame el favor). Esa es la verdad absoluta, así que cual es la friega con esta campaña si es una pelea de maquinarias e intereses. Pero hay un problema;  las personas si quieren los beneficios de un buen estado, pero muchos abstencionistas (el 65 %) no quieren elegir quién los va a gobernar (esto es un beneficio para los de siempre, los no pendejos). Estoy seguro que muchos de ellos son los que primero alegan, hacen paro, se meten al Sisben para no pagar, evaden impuestos, piden que les regalen una casa, se colan en transmilenio, piden que les den salud  etc.,  y lo más seguro es que el domingo, un montón de ellos, se levantarán embriagados de futbol y  dejaran pasar la oportunidad de elegir. Y si Colombia no pasa a octavos  del mundial, de seguro estarán echando injurias a este país de mierda (según ellos), que ni siquiera puede jugar bien al futbol. Todo eso porque son inmediatistas, todo lo quieren ya. Cada cuatro años pasa lo mismo: quieren todo ya. No ven procesos, no les gusta analizarlos, no ven a futuro. Por eso los candidatos y sus partidos manipulan tanto, compran conciencias, dan mermelada. Lo peor hoy en día es que los medios de comunicación y la gente en las redes sociales se prestan para esta guerra sucia, la peor que he visto y que es un legado de JJ Rendon y el uribismo, desde hace cuatro años; al fin de cuentas ambos candidatos vienen de allí. Lo cierto es que viendo uno de los comerciales de Zuluaga, donde una mujer en un supermercado se jala los pelos y bota la fruta, es el mejor ejemplo del uribismo; así son ellos (no todos, valga la aclaración), agresivos, autoritarios, actúan como llenos de rencor, etc. Lo triste es que cómo nos gusta agarrarnos por cuanto dirigente político corrupto tenemos, y cuánto se deben de reír ellos de nosotros a puerta cerrada. La experiencia de las elecciones  de hace cuatro años me dejó un sinsabor a largo plazo, desde esa campaña comenzó el descaro de la política sucia. Qué no le inventaron al doctor Mockus. Y ahora todos los que nos hicieron esa guerra se quejan de que su candidato les salió paquete chileno (risas), entonces, ahora, proponen a otro para que lo elijamos, dizque porque este sí no se va a torcer (risas). Yo la verdad no lo quiero comprobar.  Ese cuentico de que la embarramos  pero que ahora sino vamos a meter la pata…, no se lo creen si no ellos. Pero como dicen por ahí, el pueblo (o la maquinaria) tienen la última palabra. Mi voto será por Santos,  no tengo más opción (de hecho me parecen mejor los vicepresidentes). Que el pueblo elija,  eso sí, los abstencionistas deberían considerar votar por alguien o irse de este país si no les interesa. Igual nosotros somos: echaos pa’lante, somos vivos, astutos y no tenemos nada de pendejos.  Así que todos juntos: ¡Qué viva Colombia! ¡Qué viva esta patria boba! Y ahora que estamos en plena ola del mundial… ¡Qué viva el futbol y hasta las barras bravas, hijuemadre! Ellas sí que representan bastante bien nuestra historia.

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