David y Don Pepe

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David salió a la calle y por un largo tiempo se quedó lelo mirando como el sol le daba un brillo especial a los cientos de diamantes que caían del cielo.  Por un instante se preguntó por qué  llueve cuando sale el sol. Justo antes de cerrar la puerta metió la mano en su bolsillo para cerciorarse de que llevaba el encargo que le había pedido su mamá; luego se encamino hacia la casa de Doña Julia.

Alegre con la lluvia iba David, cantando el tamborilero mientras chapoteaba por la calle; de pronto  vio a una señora sentada en el andén, recostada en la puerta de una casa; aunque lo pensó por un pequeñísimo instante, no pudo evitar detenerse enfrente de aquella mujer,  que pese a su ropa vieja, sucia y rota, conservaba un rostro hermoso con facciones delicadas; y que en medio de su pecho y entre sus brazos, regocijaba a un bebé, el cual al ver a David le extendió la mano; David le miro con ternura, y al ver cómo le brillaban los ojos con los rayos del sol, no pudo evitar sentir cariño por tan pequeño niño. Sin pensarlo, saco de su bolsillo el encargo que le llevaba a su mamá: un billete ajado de cincuenta mil pesos, y sin dudar se lo dio; la señora, esbozando una sonrisa, le dio las gracias por su acto de bondad.  David siguió su camino cantando, aún, con más alegría, mientras el señor Pepe lo miraba, bastante extrañado, desde la esquina.

—¡Hijo mío! ¿Por qué te demoraste tanto? —le dijo la mamá— ¡Pero dónde fue que estuvo metido este muchacho, mira no más como tiene la ropa! ¿Trajiste lo que te pedí?

—No mami. Cuando venía para acá me encontré a una señora con un niño, y como eran muy pobres, les di el billete como regalo de navidad —dijo David sonriendo.

—¡No me digas mentiras David! ¡Te he dicho mil veces que no tienes por qué decirme mentiras! Estoy segura que botaste el billete por estar jugando con el agua. ¡Dios mío! ¿Y ahora qué vamos a hacer? —terminó diciendo la mamá, mientras David dejaba escapar tristes lágrimas de sus ojos.

Ya había entrado la noche cuando la señora Julia dejo ir a David para la casa.  Durante el camino, con tristeza, se preguntaba por qué su mamá lo había castigado por lo que había hecho. Estaba encontrando repuestas a sus preguntas cuando Don Pepe le dijo: —¡David, mijo! ¿Para dónde va? Deja esa cara que todo va estar bien. Ya hable con tu mami. Recuerda que esta noche nace el niño Jesús.

—Lo sé, Don Pepe. ¿Y cómo le ha ido en las ventas?

—Muy bien. Mira que después de que se fue tu mami, todo comenzó a cambiar. ¡Es increíble, pero ya vendí todas las canastas navideñas! Es más, me encargaron varias para antes de medianoche.

—Lo felicito Don Pepe. ¡Que tenga una Feliz Navidad! —le dijo David, dándole un abrazo.

—Lo mismo mijo. ¡Y animo! —le dijo Don Pepe, sonriendo.

La mamá le abrió la puerta, le abrazo y le dijo: —Gracias a Dios todo va estar bien, mi niño.

—¿Y eso, quien lo trajo? —preguntó David al ver en la mesa del comedor una gran canasta navideña y varios regalos.

—Hace un rato, Don Pepe nos regaló esta canasta, y los vecinos nos trajeron estos regalos —dijo la mamá emocionada— Así que va a ser una navidad muy linda. Pero David, tienes que dejar de decir mentiras y ser más responsable.   Por estar pensando en jugar no haces las cosas bien. A lo mejor por estar jugando con el pesebre no te diste cuenta que habías dejado allí el billete. ¡Mira dónde lo dejaste! —David volteo a mirar hacia el pesebre, y  junto a la cuna del niño Jesús, estaba el billete, debidamente doblado; entonces, su rostro y sus ojos se iluminaron de alegría, porque sabía en su corazón que ese día… había conocido al niño Jesús.

 


DARÍO CABRERA ALMARIO

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Munera 04/21/2009 21:03

Dario, es una bella expeiencia la navidad , que buena historia!!!

abrazos

Mauricio Serrato 04/07/2009 16:47

la verdad wow..... me guto mucho mucho mi herman0 lo felicitopor eso....