Presos de la libertad

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Dicen que: “la ausencia es el olvido, mas nunca se puede olvidar lo que siempre se ha querido” La razón fundamental de que esto sea así, es porque el amor a los seres queridos es una de las energías más hermosas que puede experimentar un ser humano. Y el amor es esa magia que nos conecta con nuestro creador, porque viene de Él y a Él debe volver; por eso los que se purifican en esa magia no pueden sentir ningún tipo de sentimiento o pensamiento que de alguna manera pudiera dañar o lastimar a ese ser, o seres que queremos. Si eso aún pasa en cada uno de nosotros, es porque nos falta trabajar mucho en nuestro interior.  Sin embargo, todos en algún momento de nuestra vida hemos sentido la ausencia de un ser querido, pero nunca nuestro amor hacia él ha sido quebrantado por esa ausencia, ni mucho menos, olvidado. Cuando una persona se va o se aleja por alguna razón de nosotros, sentimos un vacío, pero nuestro corazón, aunque un poco melancólico, sabe que esa persona partió haciendo uso de su libre albedrío, o siguiendo el camino de su destino. Pero amigos…, cuando la privan de la libertad en contra de su voluntad por medio del secuestro; no solamente sentimos su ausencia, también sentimos impotencia: esa sensación que de alguna manera despierta todos esos sentimientos que suele guardar nuestro corazón; de igual forma nuestra mente se expande en un Big Bang de ideas, muchas de ellas acompañadas por nuestros demonios mezquinos. ¿Pero acaso somos culpables por eso? ¿Somos malos por sentir ese tipo de emociones? Indudablemente no; somos humanos, débiles en muchos aspectos de nuestra vida; estamos creciendo. Aquí, los únicos culpables son esas bestias que con sus deseos de avaricia y mediocridad osan pisotear el derecho más digno y valioso que tiene cualquier ser humano o animal: LA LIBERTAD, un privilegio que fue otorgado por la divina providencia, el cual bajo ninguna circunstancia debe ser plagiado ni por ideas o acciones, sean equivocadas o no. No hay excusa ni argumento que valga para atreverse a privar de la libertad a alguien. Nacimos libres, y es nuestra responsabilidad hacer buen uso de nuestra libertad, pero, innegablemente, es nuestro deber velar por la libertad de nuestros seres queridos y de nuestra gente. No debemos sentir miedo por alzar nuestra voz en contra de un flagelo que como un cáncer va deteriorando nuestra sociedad. Recordemos que: El tirano actúa hasta cuando el temeroso quiere. Si debemos ser presos… que lo seamos de la libertad; Sí, presos de la libertad, pero nunca de la indiferencia.

 

DARÍO CABRERA

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Alborada 04/13/2009 01:17

Darío, estuve de paseo por éste tu espacio, me gustó mucho, como este artículo, destaco 2 puntos (importantes para mi). El primero es que es cierto que no se puede olvidar a quien se ha querido y qué por razones ajenas a nosotros está ausente y deja un gran vacio, en mi caso fue mi abuelo, uno de mis principales pilares donde me apoyé para crecer. Y lo otro es el ser presos de nuestra libertad y el amor por ella, el don maravilloso que tenemos los seres humanos es la libertad... aunque algunos aún no lo entiendan... Saludos